A Don Fermín Hernández

A Don Fermín Hernández

EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.
MÉXICO.

8 de Agosto del 2005.

A: Don Fermín Hernández.
De: SupMarcos.

Don Fermín:

Reciba el saludo de todos nosotros. Hemos leído con interés y respeto la carta de usted que, junto a otras, publica El Correo Ilustrado de La Jornada el día de hoy. Quisiéramos pedirle a usted la paciencia y nobleza para leer estas líneas que le escribimos y, ojalá, La Jornada, generosa como siempre, las publicara para que usted y otros, que como usted se sienten desconcertados por lo que estamos diciendo y haciendo, pudieran conocer más de el porqué de lo que estamos haciendo. Fíjese usted que no pretendo convencerlo de que nos apoye o que abandone sus convicciones (que adivino profundas y consecuentes), sólo le pedimos, a usted y a otros, que traten de comprender, de comprendernos.

Hay, en efecto, muchos compas que, como usted, apoyaron la lucha zapatista por los derechos y la cultura indígenas. Sin estar en templetes o en las fotos de las primeras planas, personas como usted hicieron posible, primero, que se detuviera la guerra; después que se nos escuchara; más luego nos apoyaron en todas las iniciativas pacíficas que, con el objetivo de recuperar para los indígenas un lugar en esta Nación, emprendimos en estos casi 12 años. No todas, pero muchas de esas personas, como usted, militan en el PRD o simpatizan con esa organización política y, además, ahora tienen las esperanzas y el empeño en que López Obrador y el PRD conquisten la presidencia de la República y que, con esto, cambien las cosas en nuestro país con un gobierno de izquierda. Hay algunas personas como usted (créame que, por lo que le contaré más adelante, son muy pocas) que se sienten identificadas con las siglas del PRD y, al mismo tiempo, con la lucha del EZLN, y sienten que ambas luchas deberían caminar juntas o, al menos, coincidir en lo fundamental. Y sienten que no sólo no es contradictorio ser perredista y apoyar al zapatismo, sino que es lo lógico. Y no sólo apoyar al zapatismo, sino apoyar cualquiera de las luchas que, grandes o pequeñas, se levantan en nuestro país por democracia, libertad y justicia. Entonces pues se enojan, irritan o, en el mejor de los casos (que me parece que es el suyo, Don Fermín), se desconciertan, y se preguntan qué pasó. Y bueno, Don Fermín, pues pasó lo que pasó. Déjeme le cuento:

En 1994 llegaron hasta acá, invitados por nosotros, algunos dirigentes del PRD. Vino, por ejemplo, Don Pablo Gómez. El señor Gómez es hoy coordinador de los diputados federales del PRD y ha declarado que el PRD no puede traicionar al EZLN porque “nunca hemos firmado nada con Marcos, porque él no ha querido nunca ningún convenio” (en el mismo sentido, el relevo de AMLO en el DF, Alejandro Encinas -mientras espera nervioso la exhibición del video donde tiene el papel estelar-, ha dicho que no hay traición porque nunca hemos sido aliados -el PRD y el EZLN-).

Bueno, pues vino Don Pablo Gómez y habló con nosotros. Nos dijo que apoyaba la lucha de los zapatistas, aclarando puntualmente que no estaba de acuerdo con la lucha armada, que nuestra causa era justa y que haría lo posible porque nuestras demandas encontraran una solución justa y pacífica. Por lo que dice ahora el señor Gómez, en lugar de creer en su palabra, debimos haberle pedido que firmara un papel con ese compromiso, porque, en efecto, él puede argumentar que nunca se comprometió con la lucha por los derechos y la cultura indígenas (ojo: con esa lucha, y no con la lucha armada) y, puesto que nunca firmó ningún documento, no se puede hablar de traición.

Y no sólo Don Pablo Gómez, también llegaron hasta acá otras personas. Por ejemplo el señor Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (entonces candidato del PRD a la presidencia de México y, por mucho tiempo, líder natural e incuestionable del PRD, además de ser, entonces, un referente de la lucha pacífica por democracia, libertad y justicia para los mexicanos). Hablamos con el señor Cárdenas y él se comprometió a lo mismo que el señor Gómez. Cierto, no nos firmó ningún papel con ese compromiso.

Vinieron muchos más, casi toda la plana mayor del PRD (la mayoría sin haber sido invitados, sino “colados” cuando venía Cárdenas Solórzano, a quien sí invitábamos) y siempre dijeron, remarcando que no estaban de acuerdo con la lucha armada, que apoyarían lo lucha de los indígenas zapatistas. En 1996, no recuerdo qué estábamos haciendo en San Cristóbal de Las Casas, pero entonces nos reunimos con Jesús Ortega y algunos más que lo acompañaban. Nos dijeron lo mismo. No, tampoco firmaron nada. Por esas fechas también nos encontramos con López Obrador, entonces presidente del PRD, que nos dijo lo mismo y que no firmó ningún papel.

Entonces, en lo que a eso se refiere, se puede decir que todos los que ahora dicen que el EZLN no puede hablar de traición del PRD porque nunca se firmó nada, tienen razón. En todo caso el error es nuestro, porque no debimos haber creído en su palabra hablada. Ya ve usted que siempre se aprende. Ahora hemos aprendido esto: para el PRD no vale nada que no haya sido filmado… perdón, firmado.

Bueno, pero resulta que, como recordará usted, hubo un diálogo con el gobierno federal y se llegaron a unos acuerdos, los Acuerdos de San Andrés. En ese entonces, los partidos políticos que tenían diputados y senadores, formaron una comisión que se llamó “Comisión de Concordia y Pacificación”, la Cocopa. Bueno, pues los Acuerdos se firmaron, pero no se cumplían. El trabajo de la Cocopa era ayudar a conseguir un acuerdo entre el EZLN y el gobierno federal, así que se ofreció a preparar una propuesta de ley que cumpliera esos acuerdos en lo que se refiere a reformas constitucionales. Entonces estaban en la Cocopa, entre otros, el hoy distribuidor en Chiapas de la fábrica de láminas “Zintro Alum “, Luis H. ?lvarez, y el hoy secretario de Turismo Rodolfo Elizondo, ambos por el PAN. También estaban, entre otros del PRI, Jaime Martínez Veloz y Pablo Solazar Mendiguchía. Por el PRD estaban el hoy finado Don Heberto Castillo y Juan N. Guerra, junto con otros perredistas. Por el PT estaba José Narro.

Menciono a esos especialmente porque fueron los legisladores con los que tuvimos más contactos directos y porque, salvo en el caso de Don Heberto Castillo, pueden desmentir o confirmar lo que ahora le cuento.

Bueno pues se reunieron los de la Cocopa y ahora sí que toparon pared, porque el Zedillo no quería cumplir los acuerdos y el EZLN no quería volver a negociar lo que ya se había acordado. Entonces pensaron que había que hacer una nueva propuesta, una que no fuera ni la de Zedillo ni la del EZLN. Se reunieron con nosotros y nos presentaron lo que luego se conocería como “Iniciativa de Ley Indígena Cocopa”. Nos dijeron que era todo lo que podían hacer y que, si el EZLN y Zedillo no la aceptaban, pues hasta ahí nomás llegaban y en consecuencia, renunciarían a la Cocopa. Nosotros aceptamos. Zedillo dijo primero que sí, y luego que no. Lo que pasó después ya se conoce y no lo voy a repetir, pero resulta que aquí encontré el original de esa iniciativa y ese documento sí tiene la firma de los legisladores del PRD. Tal vez Don Pablo Gómez, Alejandro Encinas y la runfla de patanes de la jerarquía perredista (al momento de mandarle esto leo las declaraciones del patético Cota) que han dado declaraciones a diestra y siniestra, desconocen ahora esas firmas.

Mire Don Fermín, que el PAN luego se desdijera y sus legisladores votaran en contra de la iniciativa que ya habían aprobado, se puede entender. Después de todo, esa derecha ha crecido traicionando los principios democráticos que le dieron origen como fuerza electoral, y su desprecio a los indígenas (y en general a toda la gente humilde) está tan arraigado que podría estar en su declaración de principios sin contradecir ninguno de ellos. Del PAN, y de la derecha que en él encuentra espacio para golpear sobre el yunque la historia de México, sólo hay que esperar estupidez vestida con trajes de marca… y crímenes ocultos detrás de ellos. Ya verá usted cuando el candidato del PAN empiece su campaña: el Fox parecerá una eminencia comparada con ese señorito tonto y balbuceante.

Que el PRI desconociera lo que había acordado no era sino refrendar su historia: la prostitución de la política; haber creado la sentencia de “la política es el crimen perpetrado por otros medios” y refrendarla con la sangre de opositores… y correligionarios; la ley de Herodes como declaración de principios; el racismo elevado a rango constitucional. Si el candidato priista es Montiel o Madrazo no cambiará nada en los “usos y costumbres” de ese partido: seguirán siendo el brazo político del crimen organizado… y los que se gradúen en el PRI se pasarán luego al PRD, dependiendo de cómo vayan las encuestas en las campañas electorales y de quién gane la elección.

Pero que el PRD traicionara su palabra era algo que entonces no entendíamos. Podríamos entender que no tuviera ningún interés en cumplir la palabra QUE FIRMÓ con el EZLN (ya aclararon que no cumplen lo que dicen hablado), después de todo, sólo somos unos “pinches” indígenas alzados. Pero no entendíamos por qué ignoraba toda la movilización que se dio en torno a la iniciativa de ley Cocopa, por qué desdeñaba a los pueblos indios y a las organizaciones indígenas (algunas afines al PRD) que habían hecho suya la demanda de reconocimiento constitucional de los derechos y la cultura indígenas.

No lo entendíamos Don Fermín, pero esperamos. Tal vez alguien se iba a tomar la molestia de explicarnos y darnos alguna razón, aunque fuera absurda (algo así como lo que está de moda ahora: “si hubiéramos reconocido las demandas indígenas le hubiéramos hecho el juego a la derecha y a Salinas, además de abrir la puerta para el retorno de Madrazo y el PRI, por eso no cumplimos lo prometido”), pero no.

Aún así pensamos que, como luego dicen, las bases perredistas, ésas de las que se dice que son también zapatistas, iban a protestar y a movilizarse y a exigir, lo menos, la destitución de los legisladores perredistas que habían cometido ese atraco. Pero no pasó nada, Don Fermín. Se dijo que había sido un error táctico, pero el PRD siguió legislando en contra de la Ley Cocopa. Tampoco pasó nada. Pensamos que ni modo, seguramente las bases perredistas “zapatistas” tenían sus razones para no hacer nada.

Quedamos entonces heridos, con esa sensación de haber sido burlados otra vez (esa sensación que abajo se conoce muy bien), frustrados, porque habíamos concentrado en ese esfuerzo toda nuestra energía… y le habíamos pedido a mucha gente, gente como usted Don Fermín pero que no es perredista, que hiciera lo mismo junto con nosotros. Entonces pensamos que habíamos cometido un error y que nunca más apostaríamos nada a una institución del Estado ni a los partidos políticos que se disputan su conducción. Como usted sabe, nosotros nos replegamos a fortalecer la autonomía indígena y se crearon los caracoles y las Juntas de Buen Gobierno.

Y entonces pasó lo que pasó: el gobierno perredista de Zinacantán le cortó el agua a unos compañeros bases de apoyo de ese municipio, los compañeros acudieron a la Junta de Buen Gobierno, la Junta buscó acuerdo con diálogo, los perredistas se negaron, la Junta vio la manera de mandarles agua. Ojo Don Fermín: no se decidió mandarles una unidad militar zapatista para defenderlos del gobierno perredista, sino que se decidió mandarles agua. Los perredistas se burlaban de los compañeros diciéndoles que estaban solos, que nadie les hacía caso, que para el gobierno perredista no valía nada eso que estaban haciendo los zapatistas de la autonomía. Así pasó el tiempo.

Entonces los compañeros pensaron de hacer una marcha para llevar el agua y para demostrar que las bases de apoyo zapatistas de Zinacantán no estaban solas y que caminaban con el apoyo de todo el EZLN. A mí me consultaron y recomendé una vigilancia estricta para que nadie de los compas, ya “calientes” como decimos, se peleara a golpes con los otros. Sólo llevar el agua y decir que no están solos. Llegó la marcha, entregaron el agua y echaron su discurso (léalo Don Fermín, puede encontrarlo en La Jornada de fechas posteriores a la marcha, 10 de abril del 2004, y diga usted si no era una invitación a hacer acuerdos). Cuando ya se retiraban los compañeros, se encontraron con el camino bloqueado con troncos y, cuando estaban quitándolos, empezó la balacera. El orden y la disciplina de los compañeros permitieron el repliegue y que aquello no se convirtiera en una matanza, pero varios compañeros quedaron heridos de bala. Ninguno de los heridos, Don Fermín, era de Zinacantán, sino de otros municipios zapatistas y estaban ahí para llevarle agua a sus hermanos de lucha no para atacar a los perredistas.

Uno de los agredidos tiene una bala en la cabeza. Sí, ahí la tiene todavía. Un milímetro más a un lado o a otro y hubiera muerto. Es más, los médicos le dejaron la bala porque el sólo intentar quitársela podía provocarle la muerte. Ahí anda el compa, con una bala en la cabeza. Pero sabe qué, Don Fermín: esa bala no la dispararon los paramilitares del PRI o los comandos clandestinos del YUNQUE (o sea del PAN), sino los del PRD, los de un gobierno perredista. Se dijeron entonces muchas cosas (el gobierno de Chiapas, demostrando que la estupidez no es prerrogativa de una corriente política, dijo que los zapatistas habían montado una provocación), pero no pasó nada.

Esperamos si es que las bases perredistas zapatistas iban a protestar, pero no pasó nada. Sólo hubo una carta (se puede encontrar en El Correo Ilustrado de La Jornada de esos días), Don Fermín, de un hermano perredista que condenaba el hecho, además de una tibia declaración del PRD estatal y ya. Nada. Los perredistas siguieron en el gobierno de Zinacantán, fueron candidatos por el PRD en la elección posterior, siguen en el poder y fueron los primeros en formar una de las “redes ciudadanas” de apoyo a AMLO.

¿Y sabe por qué empezó todo ese asunto de Zinacantán, es decir, por qué el gobierno perredista les cortó el agua a los compañeros? Bueno, porque las bases de apoyo zapatistas no quisieron agarrar los cargos que les ofrecían los perredistas, porque, dijeron los compas para argumentar el rechazo, “los zapatistas no luchan por ser gobierno”. Para presionarlos a que agarraran el cargo fue que les cortaron el agua. Sí Don Fermín, los perredistas nos atacaron a balazos porque no queremos cargos gubernamentales.

Bueno, pero no sólo fue el voto perredista en contra del reconocimiento de los derechos y la cultura indígenas, ni sólo la agresión en Zinacantán. Resulta que, meses antes, en otra zona, una que nosotros llamamos “Selva Fronteriza” y que es donde está La Realidad, un indígena que no es zapatista presentó una denuncia por robo en contra de otro que tampoco es zapatista. La autoridad autónoma investigó y determinó que era cierto lo del robo, detuvo al delincuente, quien aceptó la culpa, y determinó que permanecería preso hasta que le repusiera al afectado la cantidad robada. Puede usted, Don Fermín, ver en La Jornada de esos días cómo estuvo: a La Realidad llegaron organizaciones no gubernamentales de derechos humanos y confirmaron que el detenido no había sido torturado, se encontraba en buen estado de salud y no habían sido violados ninguno de sus derechos. Bueno, pues resulta que la CIOAC perredista de esa zona, decidió que lo que había hecho la Junta estaba mal. No, Don Fermín, no fueron a hablar con la Junta. Lo que hicieron fue secuestrar a varios compañeros (algunos no zapatistas sino militantes de otra organización), y mantener retenido un camión de la Junta. A los secuestrados los torturaron y a uno, un compañero zapatista, lo trajeron de un lado a otro (“para que no lo fueran a rescatar los del EZLN”), en condiciones humillantes. No, no fue la policía. No, tampoco el ejército. Sí, fueron los perredistas. Los dejaron todos golpeados. Luego intervino el gobierno estatal y cubrió la cantidad robada. El detenido fue liberado y el acusador obtuvo satisfacción a su demanda de justicia. Ya sabe cómo es el humor zapatista, los compañeros le cambiaron el nombre al camión (es una costumbre el ponerle nombre a los vehículos) y ahora se llama “El Secuestrado”. Lo que le cuento, Don Fermín, no fue de unas horas, fueron días. Igual le puedo contar de agresiones y hostigamientos de la ORCAO perredista en los municipios de Ocosingo y Altamirano. ¿Hubo alguna declaración del PRD? ¿Alguna protesta de las bases perredistas por lo que hacían sus compañeros de partido en contra de nosotros? No.

Sumamos Don Fermín. Sumamos y sacamos la cuenta de todo lo que pasa: las injusticias; los silencios frente a ellas con el argumento de “no hay que hacerle el juego a la derecha”; el mirar para otro lado porque, al fin y al cabo, “son sólo unos pinches indios”; los cálculos tácticos y estratégicos de “todo se vale” para llegar al poder, aunque se haga lo mismo que se dice combatir. Pregunte usted Don Fermín, pregunte si los perredistas que viven dentro de los territorios zapatistas han sido atacados con armas de fuego, pregunte si han sido secuestrados y torturados. Verá que no. Verá que no respondimos a esas agresiones con violencia. Respondimos con paciencia. Esperamos.

Ya ve, Don Fermín, que para nosotros usted no es “un pobre pendejo”, sino una persona sincera, noble y consecuente, que siente que algo está mal en todo esto que está pasando. Y sí, algo está mal, pero no es de ahora. Tal vez comprenda ahora por qué estamos enojados, indignados, rabiosos.

Por lo demás Don Fermín, verá usted que, si nos equivocamos, le pediremos disculpas a usted y a todo al que haya que pedírselas. Usted, y todos, saben que así hacemos, que cuando nos equivocamos lo decimos claramente. Porque tal vez nos estamos equivocando y sí debemos apostar todo a una persona, y a un partido político que nos ha hecho todo lo que nos ha hecho. Tal vez debemos quedarnos esperando a que venga de arriba lo que ahora pensamos que tenemos que construir desde abajo. Tal vez nos equivocamos al denunciar que hemos sido engañados, agredidos, burlados. Si todo esto ocurre, verá usted que diremos públicamente que cometimos un error y le pediremos disculpas a todos los que lastimamos con nuestra palabra (y nunca con balazos, secuestros y torturas). Pero mientras tanto seguiremos expresando el sentimiento de nuestros pueblos, la rabia y la indignación ante el cinismo y la desmemoria del PRD. Así que ahí perdone usted, Don Fermín, pero vamos a seguir dando la lata.

Otra cosa Don Fermín. Entendemos que algunos medios de comunicación, siempre que decimos algo, resalten más lo que sea en contra del PRD y de AMLO. Y es que, ¿sabe usted?, quieren meter en cintura a López Obrador. No les gusta que ande tan a la libre, hamaqueándose mientras sus compinches dan la cara por él. Y al revés, AMLO quiere meter en cintura a los medios de comunicación, hacerlos a su modo. Uno y otros usan lo que tienen a la mano: los medios buscando los lados flacos del perredismo (que, dicho sea de paso, son muchos) y López Obrador ubicando toda crítica como un complot de Salinas de Gortari, el PRI y la derecha. Así está. Pero verá usted que terminarán por arreglarse, siempre terminan por arreglarse. Entonces verá que todo lo de “la otra campaña” deja de ser noticia importante, se va a “interiores”, se convierte en una notita perdida por ahí, y luego desaparece por completo, lejos de lo que alguien llamó “el público”. Entonces la “otra campaña”, y con ella la Sexta, seguirán en su empeño de otra forma de hacer política, construir un programa nacional de lucha anticapitalista y pugnar por una nueva constitución.

Así que como quiera por ahí vamos a andar nosotros, Don Fermín. Van a estar las campañas electorales y por ahí vamos a andar. Tal vez López Obrador va a hacer campaña a donde usted vive. Si puede, pregúntele si es que va a privatizar la industria eléctrica, el petróleo, el agua, la seguridad social, la educación. López Obrador le va a decir que no va a privatizar. Claro que usted se va a poner contento y va a pensar “Pinche Comanche, se equivocó”. Pero no se quede con eso, Don Fermín, y siga preguntando. Pregúntele qué va a hacer entonces y AMLO le va a responder que va a “promover la co-inversión”. Usted se va a quedar pensando y se le va a quedar dando vuelta a esa palabrita. Luego va a investigar qué quiere decir “co-inversión” y se va a enterar que así se dice cuando una parte del dinero en una industria la pone el Estado y la otra la pone el capital privado. Pero usted sígale, verá también que eso significa que una parte de esa industria es propiedad del Estado y la otra parte es propiedad privada. Entonces va a entender que no se va a privatizar todo de una vez, sino parte por parte. O sea, que se va a vender una parte de la Patria, luego otra, y otra, y otra, hasta que no quede nada.

Oiga Don Fermín, si ya se pudo acercar a AMLO, pregúntele también por qué, sí dice que todo lo que es critica proviene de Salinas de Gortari, del PRI y la derecha, está entonces rodeado de puros salinistas, expriistas y derechistas. Y pregúnteles a los dirigentes del PRD por qué han convertido al partido en una máquina de reciclaje para lo peor del priismo, una pista de circo más para los que brincan al compás del presupuesto. Pregúntele a AMLO por qué si muchos suponen que su proyecto es de izquierda, su “Proyecto Alternativo de Nación” no lo es. Pregúntele por qué apoya a Marcelo Ebrard para el gobierno del DF si no es de izquierda. Pregúntele por qué a los gringos y a los empresarios les ofrece un gobierno de centro, “facilitador de la inversión privada” (o sea favorable a los ricos), y al resto les dice que es de izquierda (o sea favorable a los pobres). Pregúntele, tal vez a usted sí le responde, porque nosotros señalamos todo eso (y muchas cosas más) y él respondió que está contento, durmiendo en hamaca para no sofocarse.

Después van a pasar las elecciones, Don Fermín, y por ahí vamos a andar. Tal vez la mayoría del pueblo mexicano apoya con votos a López Obrador y al PRD. Si no les reconocen el triunfo, usted y muchos como usted se movilizarán, y créame que nosotros estaremos a su lado, hombro con hombro luchando contra esa injusticia y denunciándola, justo como hicimos cuando lo del desafuero. Pero tal vez ganan y les reconocen el triunfo. Tal vez llegan a la presidencia de México. Tal vez resulta que López Obrador les echó mentiras a los gringos y a los empresarios, y no les va a cumplir lo que les está prometiendo. Tal vez sí se inicia entonces una gran transformación del país, una transformación de izquierda. Pues qué le digo Don Fermín, pues va a haber mucha bulla, alegría, fiesta. Tal vez entonces usted vea por ahí, en su pueblo, un cartelito que invita a una reunión para “la otra campaña”. Y va a oír que andan hombres y mujeres preguntando a la gente cómo es su lucha, cómo se organizan, qué piensan del mundo, de nuestro país, de su lugar. Tal vez usted vaya para saber de qué se trata. Tal vez me vea ahí y se me ponga enfrente y me diga “Comanche, yo soy el Don Fermín de aquella carta”. Yo lo voy a mirar y voy a sonreír. Usted va a sonreír también y me va a decir: “pinche Comanche, te equivocaste “. Y yo le voy a decir: “pinche Don Fermín, me equivoqué”. Y ni usted ni yo nos vamos a sentir ofendidos por lo de “pinche”. Y nos vamos a dar un abrazo fuerte, y vamos a sonreír, los dos, juntos, y vamos a estar contentos los dos: usted porque nos equivocamos, y nosotros también porque nos equivocamos.

Pero oiga Don Fermín, ¿verdad que si no nos equivocamos, usted y quienes son como usted, ya no se van a quedar callados si no se reconocen los derechos indígenas, si nos atacan, si nos secuestran, si nos torturan, si los gobernantes del PRD no cumplen lo que prometen, si se sigue vendiendo nuestra Patria, completa o en partes, si siguen la corrupción y las traiciones? ¿Verdad, Don Fermín, que no van a quedarse sin hacer nada argumentando que no hay que hacerle el juego a Salinas, al PRI y a la derecha? ¿Verdad, Don Fermín, que no nos van a volver a dejar solos, como nos dejaron desde el 2001?

Vale. Salud y no le mando un abrazo porque sé que está enojado, así que queda pendiente.

Desde las montañas del Sureste Mexicano.

Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Agosto del 2005

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